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Cómo reconocer el amianto por el aspecto

Se puede sospechar con bastante acierto. Confirmar, no: eso solo lo hace un laboratorio. Aquí están las señales que de verdad sirven para sospechar.

Lo primero: la fecha, no el ojo

Antes de mirar el material, mira el papeleo. Si puedes averiguar cuándo se instaló ese elemento —escritura, licencia de obra, factura de la reforma, la memoria del edificio— tienes más información que con cualquier inspección visual. Después de 2002 no hay amianto. Antes, puede haberlo.

Si no hay forma de saber la fecha, entonces sí toca fijarse en el material.

Las señales que hacen sospechar

La forma y el uso

El uso más común con diferencia es la placa ondulada de cubierta, gris, en naves, garajes, porches, cobertizos y casas de pueblo. Después vienen los bajantes y tuberías de sección redonda y color gris cemento, los depósitos de agua de azotea, las placas planas de revestimiento y falso techo, y los paneles de conductos de calefacción.

La textura y el canto

El fibrocemento antiguo tiene una superficie mate, ligeramente rugosa, de color gris cemento que con los años se aclara y coge tonos verdosos por el musgo. Si puedes ver un canto sin tocarlo —una placa ya rota, por ejemplo— el fibrocemento con amianto suele mostrar una sección compacta con un aspecto fibroso muy fino. No es concluyente.

El envejecimiento

Una placa vieja de fibrocemento se «lava»: la lluvia arrastra el cemento de la superficie y deja las fibras más expuestas, con un tacto áspero y un aspecto deshilachado. Ese es el estado que importa, más que la identificación en sí: una placa así está liberando fibras si las tiene.

Las marcas de fábrica

Algunas placas llevan grabado el fabricante y a veces una referencia. En el fibrocemento posterior a la prohibición es habitual encontrar marcas del tipo «NT» (new technology, sin amianto) o indicaciones equivalentes. Si encuentras una marca así, es buena señal. Si no encuentras nada, no significa lo contrario: muchas placas antiguas tampoco tenían marca visible o se ha borrado.

Lo que NO hay que hacer para identificarlo

Esta es la parte que casi nadie cuenta y es la más importante:

  • No romper un trozo para «verlo por dentro». Romper es exactamente lo que libera fibras.
  • No lijar ni raspar la superficie para ver el material limpio.
  • No taladrar para sacar una muestra.
  • No subirse a la cubierta a inspeccionar: además del riesgo de fibras, las placas viejas ceden y las caídas por cubierta son un accidente clásico.

Se mira desde abajo, desde una ventana, con prismáticos o con el zoom del móvil. Y ya está.

Cuándo pasar al análisis

El análisis de laboratorio tiene sentido cuando la respuesta cambia lo que vas a hacer: si vas a reformar, si vas a vender, si te lo pide el ayuntamiento o si el material está degradado y quieres saber a qué te enfrentas. Si el elemento está entero, fuera, y no piensas tocarlo en años, saber el resultado exacto no cambia gran cosa: la recomendación va a ser vigilarlo igual.

Preguntas frecuentes

¿Sirven los kits caseros de detección de amianto?

Sirven para recoger la muestra, pero el análisis lo hace igualmente un laboratorio. El punto delicado no es el kit, es tomar la muestra sin liberar fibras. Si el material está degradado, mejor que la tome alguien con formación.

¿El color indica el tipo de amianto?

No de forma fiable. Los nombres «amianto blanco, azul y marrón» vienen del mineral en bruto, no del producto acabado. Una vez mezclado con cemento, el color no permite distinguirlos.

¿Puedo saberlo por una foto?

Se puede sospechar por la forma, el uso y el estado, y eso ya orienta bastante. Confirmar, no: ni una foto ni una inspección visual sustituyen a un ensayo de laboratorio.

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